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miércoles, 28 de mayo de 2014

LÁZARO III. Desatadle, y dejadle ir.



Marta tenía Fe en El Señor, pero no creía que se pudiera ya hacer nada por su hermano Lázaro; aún así sabemos que por manos de hombres que obedecieron al mandato del Señor se apartó la enorme piedra que sellaba el sepulcro de Lázaro.
Sabemos también por La Palabra que Jesús alzo su mirada y su voz al cielo.

Juan 11: 41-42
Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.
Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

Lázaro muerto, el sepulcro abierto, Nuestro Señor delante de la oscura abertura en cuyo interior descansaba el dormido cuerpo de Lázaro.

Juan 11: 43-44
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

Se cumplían ahora las palabras del Señor a Marta “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”.
Lázaro estaba muerto, volvió a vivir completamente restaurado, salio del sepulcro con sus ataduras de fino lino que limitaban sus movimientos, fue liberado de sus ataduras para marchar libre de ellas.
Nosotros mismos nos podemos reflejar en Lázaro, estábamos muertos, oímos la voz del Señor a seguirle y obedecimos ese mandato, seguimos atados al mundo y sus pecados, ni grandes ni pequeños…pecados simplemente que nos limitan el poder seguir moviéndonos en libertad para servir a Cristo.
Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.El Señor quiere que no tengamos esas ataduras, quiere Cristianos libres de ellas, aunque sabemos todos lo difícil que es a veces; nos a dado la vida inmerecidamente, dejemos todas nuestras ataduras frente al sepulcro en el que estábamos y marchemos triunfantes en Cristo Jesús. Lázaro volvió a la vida por el poder de Jesús; nosotros también, hagamos como Lázaro y despojémonos de toda atadura.
¿Hay mayor testimonio del poder de Cristo Salvador que el profundo cambio en nuestras vidas desde nuestra “resurrección”?
Por ver a Lázaro resucitado, por ver el resultado de lo que hizo Jesús en el cuerpo y espíritu de Lázaro:



Juan 11: 45
Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

Debemos ser como Lazaros a la vista de los incrédulos Gloria a Dios.
Siempre encontraremos incrédulos que aún ante la evidencia seguirán negando el poder de Jesús

Juan 11: 46
Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.

Incluso encontraremos entre estos a otros que pretenderán hacer daño. Informados los fariseos aparece en escena Caifás, que en ese tiempo era el sumo sacerdote (ver v. 49).
Caifás propuso que Jesús muriese por el pueblo para alejar de ellos al poder romano; Así que, desde aquel día acordaron matarle.” (v53). (En el próximo estudio de hombres Bíblicos sobre Caifás ampliaremos este hecho).
Muchas fueron los consecuencias del milagro de la resurrección de Lázaro y aunque escrito está no todas fueron buenas hoy en día podemos decir que TODAS!! Fueron buenas.
Lázaro resucitado fue el desencadenante para que, sin muchos saberlo, se cumplieran las profecías sobre la crucifixión de Jesús.
El milagro en Lázaro provoco que a nuestro Señor se le llevara al fin de su ministerio terrenal, fue la gota que colmo el vaso en la incredulidad y miedo de los fariseos.
Hablaremos también en el próximo estudio de María de la cena que se hizo en honor a Jesús:

Juan 12: 1-2
Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.

Lázaro resucitado era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
Después de su resurrección Lázaro, que antes de ser resucitado ya creía en Jesús como hijo de Dios, tuvo una gran comunión con El Señor. Y recuerda teniendo siempre presente:

Juan 11: 40
Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
 
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